Sinopsis: En El carácter peculiar de algunas cosas, Verónica García-Peña convierte cada color en una puerta a lo inesperado. Una casa de gotelé crema habitada por muertos silenciosos, una maleta azul que nunca logra contener recuerdos, una sirena gris que llora sobre un espigón, un palacio ocre donde reposan amantes momificados, una habitación rosa que se vuelve cárcel, o un coche negro con un maletero lleno de secretos.
Cada relato es un escenario cotidiano atravesado por grietas que dejan escapar melancolía, humor negro y belleza. Los colores no se limitan a teñir las superficies: revelan lo que late debajo, la textura íntima de los deseos, las ausencias y los recuerdos. Un caleidoscopio narrativo que transforma lo doméstico en extraño, lo banal en simbólico y lo familiar en inquietante. Un libro para quienes buscan literatura que, con delicadeza y poder visual, convierte la vida en una paleta de matices imposibles de olvidar.
Verónica García-Peña (Oquendo, 1979) es escritora, socióloga y periodista, dos veces finalista del Premio Planeta y prefinalista del Premio Ateneo de Sevilla (2023). Licenciada en Sociología y Periodismo, trabajó como periodista en radio y prensa antes de dedicarse plenamente a la literatura. Ha publicado cinco novelas y una antología de relatos; entre sus obras destacan El ladrón de sueños (2016), La isla de las musas (2020) y Hasta morir la muerte (2024). Colabora en medios como Uve Magazine, RTPA y diversos podcast, además de impartir conferencias y talleres de lectura. También participa activamente en ferias y congresos literarios, y forma parte de jurados en eventos como la Semana Negra de Gijón.
El color ha acompañado al ser humano desde tiempos ancestrales, no solo como fenómeno físico, sino como lenguaje simbólico. La historia de la cultura está llena de interpretaciones cromáticas: desde las asociaciones mágicas y religiosas de la Antigüedad hasta las investigaciones cientificas de Goethe, Chevreul o Kandinsky, que dieron lugar a teorías del color aplicadas tanto al arte como a la psicología.
En literatura, los colores no se limitan a describir; son también códigos emocionales. El azul de la melancolía, el rojo de la pasión o de la violencia, el negro de la muerte, el blanco de la inocencia o del vacío… forman parte de un repertorio compartido que los lectores reconocen de manera casi instintiva. Verónica García-Peña dialoga con esa tradición, pero lo hace desde lo íntimo y lo cotidiano: cada color no solo representa una emoción abstracta, sino que se encarna en objetos, lugares o escenas de la vida diaria.
Crema: ligado a lo doméstico y lo mortuorio, convierte una simple pared en metáfora de la repetición y de la muerte velada.
Azul: asociado en la teoría del color con la calma, pero también con la distancia y la nostalgia, se transforma en imposibilidad de retener los recuerdos.
Gris: color neutro, mezcla de blanco y negro, aquí es símbolo de la melancolía, del desgaste conyugal y de la suspensión entre pasado y futuro.
Marrón: ligado a la tierra, la madera y lo orgánico, se convierte en color de la monotonía y la obsesión.
Ocre: tono terroso y mineral, vinculado a la decadencia y al paso del tiempo, impregna un relato gótio de muerte y deseo.
Blanco: tradicionalmente asociado a la pureza y a la seguridad, aquí se convierte en cárcel, en vacío y en anhelo de otra vida.
Rosa: color de la feminidad convencional, sofocante y edulcorado, funciona como símbolo de opresión, hasta que se resignifica como impulso de huida.
Rojo: color de la pasión, la sangre y la vida intensa, en el relato se asocia a la nostalgia de lo no vivido y a la memoria inventada.
Polícromo: la pluralidad de colores representa el deseo de libertad frente a la uniformidad del pueblo y la pérdida de vitalidad de la Virgen despintada.
Negro: color absoluto de la muerte y del secreto, que en la obra se transforma en el escenario de un viaje al límite entre fatalismo y redención.
En este sentido, El carácter peculiar de algunas cosas puede leerse como un ensayo narrativo sobre la teoría del color aplicada a la vida emocional. Cada relato convierte una tonalidad en estado de ánimo, pero no desde la abstracción, sino desde una narración concreta, cargada de imágenes y situaciones reconocibles.
La autora pone en práctica lo que Kandinsky defendía en De lo espiritual en el arte: el color como vibración interior que va más allá de lo visible. En sus cuentos, el color no pinta superficies; abre grietas en la existencia, revela la textura secreta de los deseos y de las pérdidas.

Sede del Ateneo Jovellanos
Verónica García -Peña
