QUE ES MI DIOS LA LIBERTAD

La Editorial Impronta acaba de publicar el libro Que es mi dios la libertad, de José de Espronceda, una antología que ha sido preparada y prologada por José Luis Argüelles. Y  se va a presentar de la mano de las cuatro entidades culturales, Ateneo Obrero, Sociedad Cultural Gesto, Sociedad Cultural Gijonesa y Ateneo Jovellanos.

El acto va a consistir en una conversación entre José Luis Argüelles (próloguista y editor literario del libro) y Carlos González Espina. Y habrá una Lectura de poemas por Eladio de Pablo.

Este acto va a servir para subrayar la enorme importancia literaria de este autor como hito fundamental del Romanticismo español pero también para ensalzar su dimensión humana y política como uno de los grandes defensores de la libertad en los tiempos más oscuros del absolutismo. Justamente en 2025 se cumplen 200 años de su primera condena a un exilio cuando solo tenía 17 años.

Figura fundamental del romanticismo español, Espronceda (1808-1842) representa para la poesía de su tiempo lo que Larra para la prosa. Por su importancia como conquista verbal y ruptura con los modelos expresivos anteriores, lo que más nos interesa hoy del poeta son El estudiante de Salamanca El diablo mundo, junto con un puñado de memorables poemas que revolucionaron el lenguaje lírico. Un conjunto que basta para asegurarle un lugar en el canon de la mejor literatura española de todos los tiempos. Isaiah Berlin señaló que el romanticismo supuso el cambio de más envergadura en la conciencia occidental durante los siglos XIX y XX: «Mi tesis es que el movimiento romántico ha sido una transformación tan radical, de tal calibre, que nada ha sido igual después de este». Para Baudelaire, el romanticismo fue «una manera de sentir». Sus conmociones y sacudidas sociales, filosóficas o artísticas son aún sustancia del mundo actual. Dentro del romanticismo español, Espronceda encarnó el gesto rebelde, revolucionario, contra una realidad injusta que detestaba. En este sentido, hay una coherencia entre su vida política y lo mejor de su poesía. Con esta escritura se aleja de las corrientes historicistas para abrir vías a la lírica de su época mediante diversas aportaciones métricas y rítmicas o con la fuerza expresiva de la inconfundible voz que sostiene sus mejores textos.

José de Espronceda (1808-1842) nació en Almendralejo, en plena invasión napoleónica, en el seno de una familia de tradición militar. Desde niño ya mostró un carácter rebelde e idealista que marcaría su vida y su obra. Estudió en el Colegio de San Mateo en Madrid, de ambiente liberal, dirigido por Alberto Lista, donde recibió una educación moderna, crítica y laica y absorbiendo las influencias literarias de Meléndez Valdés, Jovellanos o la poesía prerromántica inglesa y alemana. Se fragua por entonces el joven Espronceda de espíritu exaltado, inclinación hacia las letras y fuerte sensibilidad política, que vivió con pasión el fervor revolucionario del Trienio Liberal (1820-1823). Allí, junto con otros compañeros, fundó la sociedad secreta Los Numantinos, cuyo propósito era oponerse al absolutismo de Fernando VII. Ello le costó el arresto y una reclusión en Guadalajara. Tras su liberación, siguió sometido a una estrecha vigilancia política que le empujó a salir de España e iniciar un periodo de exilio por Europa, donde asimilará muchas de las ideas del Romanticismo. Entre 1827 y 1833 vivió en Portugal, Francia e Inglaterra. En estos años entró en contacto con movimientos liberales europeos y se familiarizó con la literatura romántica inglesa: Byron, Shelley y Walter Scott. En Lisboa y Londres conoció a Teresa Mancha, con quien iniciaría una relación apasionada y conflictiva que marcaría gran parte de su obra. Tras la muerte de Fernando VII en 1833, Espronceda pudo regresar a España e integrarse con entusiasmo en la vida política del país. Ejerció como periodista y llegó a ser diputado en las Cortes por el Partido Progresista. Espronceda murió en Madrid el 23 de mayo de 1842, a los 34 años, víctima de una infección de garganta.

9 de febrero de 2026
19:00

Salón de Actos de la Escuela de Comercio

José Luis Argüelles y Carlos González Espina