ENTREVISTA PUBLICADA EN EL DIARIO LA NUEVA ESPAÑA
Jesús Jerónimo Rodríguez presenta en Gijón la biografía de Sabino Fernández Campo: «Llegó siendo un extraño y terminó siendo clave en la Zarzuela»
«Supo combinar sus convicciones con el pragmatismo que exige el ejercicio de la política»Jesús Jerónimo Rodríguez, con su libro sobre Sabino Fernández Campo. / Ángel González
Nico Martínez Actualizada 20 OCT 2026 – 8:13
Después de publicar las biografías de Gaspar Melchor de Jovellanos y de Carlos González de Posada, el catedrático de Geografía e Historia Jesús Jerónimo Rodríguez González (Candás, 1955) lanzó este año una biografía breve del militar asturiano y conde de
Latores Sabino Fernández Campo, histórico jefe de la Casa de Su Majestad el Rey. Este libro será presentado este miércoles, a las 19.00 horas, en la antigua Escuela de Comercio, en un acto impulsado por el Ateneo Jovellanos.
¿Qué le llevó a centrarse en Sabino Fernández Campo?
Al terminar las otras dos biografías pensé en hacer una trilogía sobre asturianos del siglo XVIII vinculados con la Ilustración y relacionados entre ellos mismos. Entonces, mi idea era hacer una biografía de Pedro Rodríguez de Campomanes. En cambio, desde la editorial Ediciones 19 me sugirieron la idea de hacer una de Fernández Campo. Al ser muy contemporáneo llegué a dudar un poco, pero pensé que efectivamente merecía la pena y decidí realizarla.
Sus inicios en la Casa del Rey supusieron un antes y un después en su vida.
Ese vínculo fue muy importante. Estuvo en la Casa del Rey desde 1977 y hasta 1993, casi 17 años. Cuando llegó, supo organizar la Casa del Rey, darle una disposición y una organización más adecuada al momento que se vivía. Y tuvo una relación estrecha con la Familia Real desde el principio. Eso sí, supo mantener las distancias que había entre el Rey y él, que eran unas diferencias que él conocía como pocos. Llegó siendo un extraño y pasó a ser una pieza clave en la Zarzuela. Por lo tanto, aunque al final sí hubo un motivo de queja por parte de él por la forma en la que salió de la Casa del Rey, la relación que tuvieron fue muy buena.
¿Qué papel desempeñó en la Transición y la consolidación democrática?
Jugó un papel político muy importante en el sentido de ayudar a incorporar la institución monárquica en el nuevo orden constitucional. Algunos lo definían como un padre más de la Constitución porque estuvo al tanto constantemente de los debates constitucionales e incluso hace sus aportaciones intentando delimitar la figura del Rey en el nuevo orden constitucional.
Su nombre está muy ligado al intento de golpe de Estado del 23-F.
Su papel fue tener la intención de que algo se estaba produciendo. Probablemente, él no conocía todo lo que había, pero sí tenía la intuición de que lo que se estaba produciendo puede afectar a la figura del monarca y a la institución. Él fue muy importante en esos momentos y siempre trató de mantener al rey al margen de ese intento golpista.
¿Qué otros momentos cree que son imprescindibles para conocer su personalidad?
Hay otros dos momentos importantes. Antes de todo esto, él pasó una temporada muy larga en el Ministerio del Ejército, concretamente en el cuerpo de Intervención Militar. Esa etapa le puso en contacto con varios ministros durante casi 20 años y fue una verdadera escuela de formación sobre la política y todo lo que es el mecanismo de la alta administración del Estado. La otra situación importante es que cuando sale de la Casa del Rey, él es un hombre que rehace su vida como jubilado y realiza una labor intelectual muy importante.
¿Qué vínculo mantuvo con Asturias este ovetense?
Cuando terminó sus estudios de intervención militar tuvo varios destinos, pero hubo uno muy importante, que fue la Fábrica de Trubia, donde estuvo diez años. Después, ya en Madrid, siempre mantuvo un vínculo muy estrecho con Asturias y con entidades como el Centro Asturiano o la Fundación Príncipe de Asturias, de la que fue uno de sus impulsores.
¿Qué tenía Sabino que echa en falta en la actualidad?
Fue un hombre que siempre se mantuvo en segundo plano, como otros muchos asturianos. Por otra parte, era una persona de convicciones profundas y que sabe, al mismo tiempo, combinarlas con el pragmatismo que exige la política en cada momento. Pero él nunca renunció a que en la conducta del político siempre tiene que haber un fondo moral. Es decir, que en la política no se puede actuar como si la moral no existiese. Y en ese sentido, a lo mejor hoy podrían aprenderse algunas cosas de él.
¿Cree que él estaría contento con la situación política en España?
Bueno, probablemente alguna crítica sí que haría, porque ya las hacía también entonces. Era muy discreto, porque tenía una formación y un criterio muy elaborado sobre las cosas, pero era crítico. Y también era autocrítico, por ejemplo, con su trayectoria política y con su etapa en la Guerra Civil, en la que estuvo en las milicias falangistas.
¿Su figura es lo suficientemente reconocida en España y Asturias?
Es una figura que debería ser más conocida. Es cierto que el paso del tiempo siempre nos echa las cosas hacia atrás y parece que se nos van desdibujando y quedan alejadas, pero espero que con el paso de los años se le empiece a reconocer más porque es un personaje clave de la Transición. Lo que ocurre es que este periodo también está un poco cuestionado porque hay planteamientos que la desdibujan.
¿Qué opina de esos planteamientos?
La Transición es una etapa fundamental en el sentido de que se viene de una situación que, en un momento determinado, se hace inviable y no hay continuidad. Entonces, había que pasar a otra y la Transición se hizo desde planteamientos distintos que al final no tuvieron más remedio que coincidir. Por eso, cuando hoy se habla de ese periodo diciendo que hubiera sido preferible otra salida, probablemente es porque se desconoce un poco ese momento histórico.
CRONICA DEL ACTO PUBLICADA EN EL DIARIO EL COMERCIO
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